Ecoturismo en Argentina

Lentamente, casi sin respirar, el índice y el pulgar giran el enfoque para poner con nitidez absoluta en el centro a un ejemplar de plumas brillantes y gracia sin igual.

Se trata de una modalidad en crecimiento en la Argentina natural, el ecoturismo. Ya no es necesario portar un arma para convertir a cualquier espécimen de la fauna continental en un trofeo embalsamado.

Argentina, con sus casi tres millones de kilómetros cuadrados, cuenta con una espectacular

gama de espacios para acercarse al mundo natural.

Los esteros de Iberá es uno de ellos. Se trata de un humedal situado en el centro de la provincia de Corrientes. Éste es uno de los reservorios de agua dulce de la tierra. Está ubicado al norte del país y cuenta con una población de un millón de habitantes. El idioma oficial es el guaraní. Sus primigenios pobladores la calificaron como la Tierra sin Mal.

Iberá significa en guaraní agua que brilla, y esa luz marca los amaneceres y atardeceres cuando millares de aves de variadas especies se despiertan o regresan a dormir. Los humedales son tierras bastante planas que tienden a inundarse de manera continua, y sus moradores, seres tanto acuáticos como terrestres, comparten espacios como ciénagas, esteros y pantanos.

Allí los yacarés con su alargada figura casi prehistórica, como buenos lagartos, se asolean tranquilos en las orillas o se mueven sinuosos por las aguas enturbiadas de los pantanos, mientras los carpinchos deban resbalar su voluminosa figura de enormes roedores como sombras en manada. También están allí los grupos de ciervos de los pantanos, siempre

nerviosos y dispuestos a moverse apenas sientan al depredador. No faltan los lobitos de río o

nutrias juguetonas, ni los grupos familiares de monos carayás grandes y peludos. En aves

hay cigüeñas, garzas, patos, carpinteros…

Todos en paz, y dispuestos a ser cazados sólo por la mira de una cámara o un par de binoculares.